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un estudio sobre adán coprovich

poema

textchón

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(1) Poema textchón de Fernando Millán. Composición sobre prensa.

sin título

sin título

 

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Vengo a besarte por el detalle

del roquefort en el sandwich.

No se te había ocurrido mezclarlo

con el jamón y el pan integral.

No importa que hayas interrumpido

aquella escritura incierta. En realidad

no iba a ninguna parte. Y sobre todo

(la noche caía con su linaje quebrado

sobre nosotros y sobre nuestros hijos)

era un pálido remedo de unas fresas

memorables. En cambio, este roquefort

derretido aún está vivo. (1)

 

(1) Poema de Edudardo Milán.

galería LXXIX

galería LXXIX

 

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Desnuda está la tierra,

y el alma aúlla al horizonte pálido

como loba famélica. ¿Qué buscas,

poeta, en el ocaso?

 

Amargo caminar, porque el camino

pesa en el corazón. ¡El viento helado,

y la noche que llega, y la amargura

de la distancia!... En el camino blanco

 

algunos yertos árboles negrean;

en los montes lejanos

hay oro y sangre... El sol murió... ¿Qué buscas,

poeta, en el ocaso? (1)

 

(1) Poema de Antonio Machado.

otras suyas en que pone el nombre de una dama

otras suyas en que pone el nombre de una dama

 

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¡Guay d'aquel que nunca atiende

galardón por su servir!

¡Guay de quien jamás entiende

guarescer ya ni morir!

¡Guay de quien ha de sufrir

grandes males sin gemido!

¡Guay de quien ha perdido

gran parte de su vivir!

 

Verdadero amor y pena

vuestra belleza me dio.

Ventura no me fue buena,

Voluntad me cativó.

Veros sólo me tornó

vuestro, sin más defenderme;

Virtud puediera valerme;

valerme, mas no valió.

 

Y estos males qu' he contado

yo soy el que los espera;

yo soy el desesperado;

yo soy el que desespera;

yo soy el que presto muera,

y no viva, pues no vivo;

yo soy el qu'está cativo

y no piensa verse fuera.

 

¡Oh, si aquestas mis passiones,

oh, si la pena en qu'estó,

oh, si mis fuertes passiones

ossase descobrir yo!

¡Oh, si quien a mí las dio

oyesse la quexa dellas!

¡Oh, qué terribles querellas

oirié qu'ella causó!

 

Mostrara una  triste vida

muerta ya por su ocasión;

mostrara una gran herida

mortal en el coraçón;

mostrara una sinrazón

mayor de cuantas he oído:

matar un hombre vencido

metido ya en la prisión.

 

Agora que soy ya suelto,

agora veo que muero;

agora fuesse yo vuelto

a ser vuestro prisionero;

aunque muriesse primero,

a lo menos moriría

a manos de quien podría

acabar el bien qu'espero.

 

Rabia terrible m'aquexa,

rabia mortal me destruye,

rabia que jamás me dexa,

rabia que nunca concluye;

remedio siempre me huye,

reparo se me desvía,

revuelve por otra vía

revuelta y siempre rehuye. (1)

 

(1) Poema acróstico por estrofas, de Jorge Manrique.

de profundis

de profundis

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 Aguarda un campo lleno de rastrojos

donde la negra lluvia cae.

Aguarda un árbol pardo y solitario,

aguarda un viento

que silbando rodea las cabañas vacías.

Cuán triste es el atardecer.

 

Pasando el caserío,

la dulce huérfana recoge

parcas espigas.

Sus ojos pastan áureos y redondos

en el crepúsculo,

y su regazo espera al celestial amante.

 

Remota sombra soy

de aquellos lóbregos lugares.

He bebido el silencio de Dios en esa fuente del prado.

Fríos metales alcanzan mi sien.

Y las arañas buscan

mi corazón.

Hay una luz que en mi boca se apaga...

 

Lleno de mugre,

cubierto por el polvo remoto

de las estrellas,

hallé la soledad en prado oscuro,

y nuevamente suenan en el avellanedo

ángeles de cristal. (1)


(1) Poema de Georg Trakl.

la vuelta al pago

la vuelta al pago

No quiero volver

a ese lugar

intransitable

y escuálido donde todo parece dormido.

Quiero calor,

dolor; sin soledades

sentir

alegría, a pesar de todo.

No quiero ausencias,

ni lágrimas. No me gustan

las madres, ni las caricias, ni los buenos entendidos:

fortunas quietas, venturas inanimadas:

llegar de otros lugares,

para volver. Regresar

a mi punto de partida,

verterme como una jarra seca y consecuente.

No quiero seguir durmiendo

junto a esa fuente

que ninguna sed calma. Propongo

vivir sin dominios, simplemente.

No tengo ganas de regresar,

que mi santo sepulcro no pretenda esperarme. Quiero

inventarlo a último momento

sin pensar demasiado, sin mucho rencor,

cuando sea necesario. (1)


(1) Poema de Francisco Urondo.

si sé lo que escribir, jamás escribo

si sé lo que escribir, jamás escribo

Si sé lo que escribir,

                                     jamás escribo.

Si escribo es por saber lo que sabré,

aquello que aparece

                             al descubierto,

mientras uno lo escribe,

y se desnuda

sólo para nosotros,

y no aparece más en lo desnudo.


Si sé lo que decir,

                         no digo nada.

Igual que nada pienso,

                                 si sé lo que pensar.

Si digo, es por asombro

de adónde me conduce estar diciéndome.


Si sé lo que sentir,

                          ¿para qué amarte?,

cuando lo tuyo propio es la sorpresa

de permitirme amarte en este tránsito.


Si supiera escribir,

                         no escribiría.

¿Para qué ser escriba de alguien mío

que impone que yo viva a su dictado?


Si escribo, es por probarle a mi ignorante

el ánimo interior de su ignorancia,

la fuerza capital que hay en la búsqueda.


Nunca saber,

                 y siempre estar diciendo.

Nunca escribir,

                    y estar siempre intentándolo.


Todo es incertidumbre,

                                y suspensivo. (1)


(1) Poema de Carlos Marzal, incluído en Ánima mía, Tusquets, Barcelona, 2009. Muchas dudas tengo, no obstante, de que haga lo que pregona. Lo he traído aquí más bien con ironía.

conversación con el inspector fiscal

conversación con el inspector fiscal

 

Camarada inspector:

                                 Perdone la molestia.

Gracias...

                 estoy bien así, de pie...

Vengo a tratar

                       de un asunto delicado:

el lugar del poeta

                            en las filas obreras.

Al igual que los que poseen

                                             fincas y tiendas,

he sido gravado

                          y debo pagar.

Usted me exige

                         quinientos por semestre

y veinticinco

                     por no declarar.

Ahora bien, mi trabajo es semejante

                                                          a cualquier otro.

Vea usted mis pérdidas,

los costes de mi producción

y la suma que invierto en utensilios.

Usted, por supuesto,

                                 sabe qué es una rima.

Por ejemplo,

                    si el primer verso

                                                termina en “anca”

pondremos

                  en el tercero, repitiendo esas sílabas,

algo así como “blanca”.

Para usar su propio lenguaje

                                             digamos que la rima

es un cheque.

Cóbrese el verso alternado

                                           -dice el reglamento.

Y buscas la calderilla de sufijos y declinaciones

en la pobre caja

                         de las conjugaciones.

Tratas de meter

                         una palabra en la estrofa

y si no entra

                    la fuerzas y entonces la rompes.

Camarada inspector:

                                 créame usted,

                                                        el poeta

paga muy caras las palabras.

Para usar nuestro lenguaje

                                          diré que la rima es un barril,

un barril de dinamita.

                                   La estrofa es la mecha.

Cuando la estrofa se consume,

                                                 estalla la rima

y la ciudad vuela como un verso.

Pero, ¿dónde encontrar,

                                      a qué precio,

rimas que maten al primer estallido?

Supongamos que sólo queden

                                                unas cinco rimas

sin estrenar... en Venezuela.

Emprendo el viaje

                             tras endeudarme y cobrar anticipos.

Camarada, tenga usted presente

                                                  que el billete es de ida.

-La poesía es un viaje a lo desconocido.

La poesía es como la extracción del radio.

Un solo gramo

                        cuesta un año de trabajos.

Para encontrar la palabra precisa

                                                    transformas

miles de toneladas de mineral verbal.

Pero ¡qué abrasador

                                es el calor de esas palabras

comparadas con el chisporroteo

                                                  de la palabra cruda!

Esas palabras mueven

millones de corazones

                                   durante miles de años.

Por supuesto,

                      hay diferencias entre los poetas.

Hay quienes, por ejemplo,

                                         diestros de manos

se sacan el verso de la boca,

de la boca propia

                           y de la ajena.

¿Y para qué hablar

                              de los castrados líricos?

Ésos escriben un verso ajeno

                                              y se vanaglorian.

Es otro robo y despilfarro

entre los tantos que sufre el país.

Estos versos y odas

                               del presente,

los mismos que el público

                                         aplaude a rabiar,

pasarán a la historia

                                como gastos secundarios

de lo hecho por nosotros,

                                        por unos pocos.

Te comes doce kilos de sal

                                          y fumas un centenar de cigarrillos

hasta extraer

                     la palabra preciosa

de las profundidades

                                 de la humanidad.

Por todo eso le pido

                               que rebaje el impuesto.

Quite del total

                      la rueda de un cero.

Uno noventa cien cigarrillos,

uno sesenta la sal.

En el formulario que me ha enviado

                                                         hay muchas preguntas:

- ¿Ha viajado

                     o no ha viajado?

Y en caso que en los últimos 15 años

haya reventado

                         una decena de Pegasos,

                                                               ¿qué pasará?

Usted –póngase en mi caso-

pregunta si tengo

                           criados y bienes.

¿Y si yo fuese

                       un líder popular

y criado

             del pueblo?

La clase la expresamos

                                    con nuestras palabras:

                                                                       somos proletarios,

                                                                             propulsores de la pluma.

La máquina del alma

                                 se desgasta con los años.

Le dicen a uno:

                        - está superado, fuera.

Cada vez amas menos,

                                    te arriesgas menos

y el embate del tiempo

                                    castiga tu frente.

Así llega el más terrible de los desgastes,

                                    el desgaste del corazón y de la mente.

Y cuando este sol

                            se levante sobre el futuro

                                                                    sin pobres ni tullidos,

yo ya estaré podrido,

muerto en la zanja,

                              junto a una decena de mis colegas.

Haga pues

                 mi balance funerario.

Le aseguro a usted

                              -y no miento-

que entre los actuales

                                  canallas y trepadores,

seré el único

                    con deudas impagables.

Nuestro deber

                      es hacernos oír

                                              como sirena de bronce

entre la bruma de los filisteos,

                                                entre el ruido de los truenos.

El poeta

             siempre es deudor del universo,

y por el dolor

                     paga intereses y multas.

Soy deudor

                  de los faroles de Broadway,

de los cielos de Bagdad,

del ejército rojo,

de los cerezos del Japón,

de todo sobre lo que no

                                     escribí.

Al fin de cuentas,

                            ¿para qué necesito tanto?

¿Para disparar rimas

                                y enfurecer con el ritmo?

Camarada burócrata:

                                 La palabra del poeta

es su resurrección,

                              su inmortalidad.

Dentro de unos siglos,

                                   leerán el verso

y resucitarán el tiempo.

Y entonces

                  habrá inspectores fiscales

brillantes de asombro

                                  y con hedor a tinta.

Usted, ciudadano convencido

                                              del presente,

vaya al Comisariado de Caminos

                                                     y saque

un billete para la eternidad.

Haga la cuenta

                        de lo que darán mis versos

y distribuya mis ganancias

                                          en trescientos años.

Pero la potencia del poeta

                                         no reside solamente

en que gracias a él

                             le recuerden a usted y se sobresalten.

No.

Hoy la rima es también

                                     lema

                                            bayoneta y látigo.

Camarada inspector,

                                pagaré cinco,

quitando los ceros

                             que están detrás.

Tengo derecho que me consideren

                                                       a reclamar un sitio

en las filas de los obreros

                                        y campesinos más pobres.

Y si piensan ustedes que mi trabajo

                                                        consiste en utilizar

palabras ajenas, no hay problema:

                                                      aquí está, camaradas,

mi estilográfica:

                         escribid,

                                      si queréis[1]



[1] Poema de Vladimir Maïakovski. Desconozco su datación. Las cursivas son mías: las he puesto para señalar argumentos del poema que trabajamos en otras entradas. Por último, recordemos lo que dice en su Autobiografía, publicada en 1922: Soy poeta. Eso es lo que me hace interesante. Lo destaco porque Coprovich lo parafraseó a su manera, como era típico en él, en una entrevista: Soy una persona. Eso es lo que me hace interesante, y lo que no. Lo que me hace poeta, y lo que no. Al final, ¿qué diablos es ser una persona?