textchón
(1) Poema textchón de Fernando Millán. Composición sobre prensa.
(1) Poema textchón de Fernando Millán. Composición sobre prensa.
<!-- /* Font Definitions */ @font-face {font-family:"Cambria Math"; panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4; mso-font-charset:1; mso-generic-font-family:roman; mso-font-format:other; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:0 0 0 0 0 0;} /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-unhide:no; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; mso-layout-grid-align:none; punctuation-wrap:simple; text-autospace:none; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman","serif"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:EN-US;} .MsoChpDefault {mso-style-type:export-only; mso-default-props:yes; font-size:10.0pt; mso-ansi-font-size:10.0pt; mso-bidi-font-size:10.0pt; mso-ascii-font-family:"MS Sans Serif"; mso-hansi-font-family:"MS Sans Serif";} @page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1; mso-footnote-position:end-of-section; mso-endnote-numbering-style:arabic; mso-endnote-numbering-start:0;} -->
Vengo a besarte por el detalle
del roquefort en el sandwich.
No se te había ocurrido mezclarlo
con el jamón y el pan integral.
No importa que hayas interrumpido
aquella escritura incierta. En realidad
no iba a ninguna parte. Y sobre todo
(la noche caía con su linaje quebrado
sobre nosotros y sobre nuestros hijos)
era un pálido remedo de unas fresas
memorables. En cambio, este roquefort
derretido aún está vivo. (1)
(1) Poema de Edudardo Milán.
<!-- /* Font Definitions */ @font-face {font-family:"Cambria Math"; panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4; mso-font-charset:1; mso-generic-font-family:roman; mso-font-format:other; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:0 0 0 0 0 0;} /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-unhide:no; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; mso-layout-grid-align:none; punctuation-wrap:simple; text-autospace:none; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman","serif"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:EN-US;} .MsoChpDefault {mso-style-type:export-only; mso-default-props:yes; font-size:10.0pt; mso-ansi-font-size:10.0pt; mso-bidi-font-size:10.0pt; mso-ascii-font-family:"MS Sans Serif"; mso-hansi-font-family:"MS Sans Serif";} @page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1; mso-footnote-position:end-of-section; mso-endnote-numbering-style:arabic; mso-endnote-numbering-start:0;} -->
Desnuda está la tierra,
y el alma aúlla al horizonte pálido
como loba famélica. ¿Qué buscas,
poeta, en el ocaso?
Amargo caminar, porque el camino
pesa en el corazón. ¡El viento helado,
y la noche que llega, y la amargura
de la distancia!... En el camino blanco
algunos yertos árboles negrean;
en los montes lejanos
hay oro y sangre... El sol murió... ¿Qué buscas,
poeta, en el ocaso? (1)
(1) Poema de Antonio Machado.
<!-- /* Font Definitions */ @font-face {font-family:"Cambria Math"; panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4; mso-font-charset:1; mso-generic-font-family:roman; mso-font-format:other; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:0 0 0 0 0 0;} /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-unhide:no; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; mso-layout-grid-align:none; punctuation-wrap:simple; text-autospace:none; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman","serif"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:EN-US;} .MsoChpDefault {mso-style-type:export-only; mso-default-props:yes; font-size:10.0pt; mso-ansi-font-size:10.0pt; mso-bidi-font-size:10.0pt; mso-ascii-font-family:"MS Sans Serif"; mso-hansi-font-family:"MS Sans Serif";} @page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1; mso-footnote-position:end-of-section; mso-endnote-numbering-style:arabic; mso-endnote-numbering-start:0;} -->
¡Guay d'aquel que nunca atiende
galardón por su servir!
¡Guay de quien jamás entiende
guarescer ya ni morir!
¡Guay de quien ha de sufrir
grandes males sin gemido!
¡Guay de quien ha perdido
gran parte de su vivir!
Verdadero amor y pena
vuestra belleza me dio.
Ventura no me fue buena,
Voluntad me cativó.
Veros sólo me tornó
vuestro, sin más defenderme;
Virtud puediera valerme;
valerme, mas no valió.
Y estos males qu' he contado
yo soy el que los espera;
yo soy el desesperado;
yo soy el que desespera;
yo soy el que presto muera,
y no viva, pues no vivo;
yo soy el qu'está cativo
y no piensa verse fuera.
¡Oh, si aquestas mis passiones,
oh, si la pena en qu'estó,
oh, si mis fuertes passiones
ossase descobrir yo!
¡Oh, si quien a mí las dio
oyesse la quexa dellas!
¡Oh, qué terribles querellas
oirié qu'ella causó!
Mostrara una triste vida
muerta ya por su ocasión;
mostrara una gran herida
mortal en el coraçón;
mostrara una sinrazón
mayor de cuantas he oído:
matar un hombre vencido
metido ya en la prisión.
Agora que soy ya suelto,
agora veo que muero;
agora fuesse yo vuelto
a ser vuestro prisionero;
aunque muriesse primero,
a lo menos moriría
a manos de quien podría
acabar el bien qu'espero.
Rabia terrible m'aquexa,
rabia mortal me destruye,
rabia que jamás me dexa,
rabia que nunca concluye;
remedio siempre me huye,
reparo se me desvía,
revuelve por otra vía
revuelta y siempre rehuye. (1)
(1) Poema acróstico por estrofas, de Jorge Manrique.
<!-- /* Font Definitions */ @font-face {font-family:"Cambria Math"; panose-1:2 4 5 3 5 4 6 3 2 4; mso-font-charset:1; mso-generic-font-family:roman; mso-font-format:other; mso-font-pitch:variable; mso-font-signature:0 0 0 0 0 0;} /* Style Definitions */ p.MsoNormal, li.MsoNormal, div.MsoNormal {mso-style-unhide:no; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; margin:0cm; margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; mso-layout-grid-align:none; punctuation-wrap:simple; text-autospace:none; font-size:10.0pt; font-family:"Times New Roman","serif"; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-ansi-language:EN-US;} .MsoChpDefault {mso-style-type:export-only; mso-default-props:yes; font-size:10.0pt; mso-ansi-font-size:10.0pt; mso-bidi-font-size:10.0pt; mso-ascii-font-family:"MS Sans Serif"; mso-hansi-font-family:"MS Sans Serif";} @page Section1 {size:612.0pt 792.0pt; margin:70.85pt 3.0cm 70.85pt 3.0cm; mso-header-margin:36.0pt; mso-footer-margin:36.0pt; mso-paper-source:0;} div.Section1 {page:Section1; mso-footnote-position:end-of-section; mso-endnote-numbering-style:arabic; mso-endnote-numbering-start:0;} -->
Aguarda un campo lleno de rastrojos
donde la negra lluvia cae.
Aguarda un árbol pardo y solitario,
aguarda un viento
que silbando rodea las cabañas vacías.
Cuán triste es el atardecer.
Pasando el caserío,
la dulce huérfana recoge
parcas espigas.
Sus ojos pastan áureos y redondos
en el crepúsculo,
y su regazo espera al celestial amante.
Remota sombra soy
de aquellos lóbregos lugares.
He bebido el silencio de Dios en esa fuente del prado.
Fríos metales alcanzan mi sien.
Y las arañas buscan
mi corazón.
Hay una luz que en mi boca se apaga...
Lleno de mugre,
cubierto por el polvo remoto
de las estrellas,
hallé la soledad en prado oscuro,
y nuevamente suenan en el avellanedo
ángeles de cristal. (1)
(1) Poema de Georg Trakl.
No quiero volver
a ese lugar
intransitable
y escuálido donde todo parece dormido.
Quiero calor,
dolor; sin soledades
sentir
alegría, a pesar de todo.
No quiero ausencias,
ni lágrimas. No me gustan
las madres, ni las caricias, ni los buenos entendidos:
fortunas quietas, venturas inanimadas:
llegar de otros lugares,
para volver. Regresar
a mi punto de partida,
verterme como una jarra seca y consecuente.
No quiero seguir durmiendo
junto a esa fuente
que ninguna sed calma. Propongo
vivir sin dominios, simplemente.
No tengo ganas de regresar,
que mi santo sepulcro no pretenda esperarme. Quiero
inventarlo a último momento
sin pensar demasiado, sin mucho rencor,
cuando sea necesario. (1)
(1) Poema de Francisco Urondo.

Si sé lo que escribir,
jamás escribo.
Si escribo es por saber lo que sabré,
aquello que aparece
al descubierto,
mientras uno lo escribe,
y se desnuda
sólo para nosotros,
y no aparece más en lo desnudo.
Si sé lo que decir,
no digo nada.
Igual que nada pienso,
si sé lo que pensar.
Si digo, es por asombro
de adónde me conduce estar diciéndome.
Si sé lo que sentir,
¿para qué amarte?,
cuando lo tuyo propio es la sorpresa
de permitirme amarte en este tránsito.
Si supiera escribir,
no escribiría.
¿Para qué ser escriba de alguien mío
que impone que yo viva a su dictado?
Si escribo, es por probarle a mi ignorante
el ánimo interior de su ignorancia,
la fuerza capital que hay en la búsqueda.
Nunca saber,
y siempre estar diciendo.
Nunca escribir,
y estar siempre intentándolo.
Todo es incertidumbre,
y suspensivo. (1)
(1) Poema de Carlos Marzal, incluído en Ánima mía, Tusquets, Barcelona, 2009. Muchas dudas tengo, no obstante, de que haga lo que pregona. Lo he traído aquí más bien con ironía.
Camarada inspector:
Perdone la molestia.
Gracias...
estoy bien así, de pie...
Vengo a tratar
de un asunto delicado:
el lugar del poeta
en las filas obreras.
Al igual que los que poseen
fincas y tiendas,
he sido gravado
y debo pagar.
Usted me exige
quinientos por semestre
y veinticinco
por no declarar.
Ahora bien, mi trabajo es semejante
a cualquier otro.
Vea usted mis pérdidas,
los costes de mi producción
y la suma que invierto en utensilios.
Usted, por supuesto,
sabe qué es una rima.
Por ejemplo,
si el primer verso
termina en “anca”
pondremos
en el tercero, repitiendo esas sílabas,
algo así como “blanca”.
Para usar su propio lenguaje
digamos que la rima
es un cheque.
Cóbrese el verso alternado
-dice el reglamento.
Y buscas la calderilla de sufijos y declinaciones
en la pobre caja
de las conjugaciones.
Tratas de meter
una palabra en la estrofa
y si no entra
la fuerzas y entonces la rompes.
Camarada inspector:
créame usted,
el poeta
paga muy caras las palabras.
Para usar nuestro lenguaje
diré que la rima es un barril,
un barril de dinamita.
La estrofa es la mecha.
Cuando la estrofa se consume,
estalla la rima
y la ciudad vuela como un verso.
Pero, ¿dónde encontrar,
a qué precio,
rimas que maten al primer estallido?
Supongamos que sólo queden
unas cinco rimas
sin estrenar... en Venezuela.
Emprendo el viaje
tras endeudarme y cobrar anticipos.
Camarada, tenga usted presente
que el billete es de ida.
-La poesía es un viaje a lo desconocido.
La poesía es como la extracción del radio.
Un solo gramo
cuesta un año de trabajos.
Para encontrar la palabra precisa
transformas
miles de toneladas de mineral verbal.
Pero ¡qué abrasador
es el calor de esas palabras
comparadas con el chisporroteo
de la palabra cruda!
Esas palabras mueven
millones de corazones
durante miles de años.
Por supuesto,
hay diferencias entre los poetas.
Hay quienes, por ejemplo,
diestros de manos
se sacan el verso de la boca,
de la boca propia
y de la ajena.
¿Y para qué hablar
de los castrados líricos?
Ésos escriben un verso ajeno
y se vanaglorian.
Es otro robo y despilfarro
entre los tantos que sufre el país.
Estos versos y odas
del presente,
los mismos que el público
aplaude a rabiar,
pasarán a la historia
como gastos secundarios
de lo hecho por nosotros,
por unos pocos.
Te comes doce kilos de sal
y fumas un centenar de cigarrillos
hasta extraer
la palabra preciosa
de las profundidades
de la humanidad.
Por todo eso le pido
que rebaje el impuesto.
Quite del total
la rueda de un cero.
Uno noventa cien cigarrillos,
uno sesenta la sal.
En el formulario que me ha enviado
hay muchas preguntas:
- ¿Ha viajado
o no ha viajado?
Y en caso que en los últimos 15 años
haya reventado
una decena de Pegasos,
¿qué pasará?
Usted –póngase en mi caso-
pregunta si tengo
criados y bienes.
¿Y si yo fuese
un líder popular
y criado
del pueblo?
La clase la expresamos
con nuestras palabras:
somos proletarios,
propulsores de la pluma.
La máquina del alma
se desgasta con los años.
Le dicen a uno:
- está superado, fuera.
Cada vez amas menos,
te arriesgas menos
y el embate del tiempo
castiga tu frente.
Así llega el más terrible de los desgastes,
el desgaste del corazón y de la mente.
Y cuando este sol
se levante sobre el futuro
sin pobres ni tullidos,
yo ya estaré podrido,
muerto en la zanja,
junto a una decena de mis colegas.
Haga pues
mi balance funerario.
Le aseguro a usted
-y no miento-
que entre los actuales
canallas y trepadores,
seré el único
con deudas impagables.
Nuestro deber
es hacernos oír
como sirena de bronce
entre la bruma de los filisteos,
entre el ruido de los truenos.
El poeta
siempre es deudor del universo,
y por el dolor
paga intereses y multas.
Soy deudor
de los faroles de Broadway,
de los cielos de Bagdad,
del ejército rojo,
de los cerezos del Japón,
de todo sobre lo que no
escribí.
Al fin de cuentas,
¿para qué necesito tanto?
¿Para disparar rimas
y enfurecer con el ritmo?
Camarada burócrata:
La palabra del poeta
es su resurrección,
su inmortalidad.
Dentro de unos siglos,
leerán el verso
y resucitarán el tiempo.
Y entonces
habrá inspectores fiscales
brillantes de asombro
y con hedor a tinta.
Usted, ciudadano convencido
del presente,
vaya al Comisariado de Caminos
y saque
un billete para la eternidad.
Haga la cuenta
de lo que darán mis versos
y distribuya mis ganancias
en trescientos años.
Pero la potencia del poeta
no reside solamente
en que gracias a él
le recuerden a usted y se sobresalten.
No.
Hoy la rima es también
lema
bayoneta y látigo.
Camarada inspector,
pagaré cinco,
quitando los ceros
que están detrás.
Tengo derecho que me consideren
a reclamar un sitio
en las filas de los obreros
y campesinos más pobres.
Y si piensan ustedes que mi trabajo
consiste en utilizar
palabras ajenas, no hay problema:
aquí está, camaradas,
mi estilográfica:
escribid,
si queréis[1]
[1] Poema de Vladimir Maïakovski. Desconozco su datación. Las cursivas son mías: las he puesto para señalar argumentos del poema que trabajamos en otras entradas. Por último, recordemos lo que dice en su Autobiografía, publicada en 1922: Soy poeta. Eso es lo que me hace interesante. Lo destaco porque Coprovich lo parafraseó a su manera, como era típico en él, en una entrevista: Soy una persona. Eso es lo que me hace interesante, y lo que no. Lo que me hace poeta, y lo que no. Al final, ¿qué diablos es ser una persona?